La ola de Puerto Escondido es sin duda alguna, el Pipeline de Latinoamérica. No estoy descubriendo la pólvora pero una cosa es que te lo cuenten y otra cosa es haber estado adentro.
Todo empezó cuando Gabriel Villarán en los últimos días del mundial de Costa Rica me invitó a acompañarlo al siguiente evento donde participaría, el Quiksilver Pro de Puerto Escondido. Yo venía de un largo trabajo de 10 días transmitiendo y mandando notas para el canal 9 de Perú por lo que estaba con una buena viada con todos los equipos más listos y aceitados que nunca, así que acepté en una. El canal se movió al toque con el tema de la visa, Olas Perú nos mandó una buena suma de dinero por lo que desde ya el viaje prometía ser una bonita experiencia. Y resultó ser más que eso.
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Puedo decir que México es un país maravilloso. Es como Perú. No puedo hablar mucho del DF, aunque me dí un corto paseo de 5 horitas antes de subir al avión, es una ciudad que tiene la población de todo el Perú entero, imagínense! Es bien radical y la noche también pinta a fiesta total. Pero yo estaba como que en un estado zen después de haber filmado durante 10 días en el agua, totalmente rostizado por el sol y no quería saber nada de fiestas ya que venía de una zona tranquila y apacible como es Puerto Escondido en Oaxaca, donde vivía en el hospedaje “Casa Bastin” de Mikele y Dominique Bastin, unos italianos ya bien charros que tienen tiempo alojando a los surfers que caen por ahí.
Cuando llegué ya Gabriel me tenía una habitación separada que compartí con uno de los mejores fotógrafos de surf de Latinoamérica, el che Agustín Muñoz, quien se había venido conmigo desde Costa Rica junto a Danielita Vesco de la revista Surfos. Yo ya conocía al che desde el contest que hubo en Colombia y de ahí me lo había vuelto a encontrar en Costa Rica para la final del Alas en Dic 2008 por lo que ya éramos como hermanos. Sobre todo porque nos unía una amistad que se había forjado filmando en el agua y ambos sabíamos que podíamos contar el uno con el otro en cualquier eventualidad que surgiera dentro del mar. “Luigi! – me decía. Que se ponga mutante de una vez para entrar al agua!!!”
Había llegado a Puerto Cristóbal De Col, Clay Marzo, Timmy Reyes, una fuerte legión de tablistas que se venían con nosotros desde Costa Rica y por supuesto nos aguardaba el infaltable crowd local encabezado por Osquitar Moncada, David Ruthenford, Coco Nogales, Diego Medina y Christian Corzo. Gente tubera 100% gente amiga y mejores anfitriones.
Llegué justo para el final de un pequeño swell que dejó un par de días buenos pero de ahí las olas se pusieron malazas. Había empezado el waiting period. La rutina diaria era ir a buscar a Gabriel por las mañanas para filmar tempranito, de ahí un almuerzo y luego de eso buscar obligatoriamente abrigo en la sombra, ante el inclemente sol mejicano - que era como el de Máncora en Febrero con media capa de ozono menos y dos Niños encima- hasta el late de las 6 de la tarde donde se glaseaba y la gente terminaba saliendo a las 8 donde recién oscurecía. El estaba en la casa Quik junto a su novia Andrea, Cristóbal y Clay. Fue ahí donde conocí a Tony Roberts, recordado tablista, videomaker y hoy fotógrafo oficial de Quiksilver Latinoamérica, con quien hicimos una bonita amistad y una amena entrevista que publicaremos más adelante. También se encontraba Tamil Martinot, famoso longboarder peruano quien era el único que corría Puerto con tabla de 9’ (ver video) Qué quemado que está chato! Jajaja!
Hasta que llegó el primer día del campeonato. Gabriel pasó su primera serie a ritmo de entrenamiento, Cristóbal se confió esperando la ola del día mientras los demás competidores cachineaban y quedó fuera en la primera ronda. Y en cuanto a mi, pasada las series de los peruanos, había llegado el momento de entrar al agua.
Estaba con una sensación media alegre y media temerosa la verdad. Había escuchado tanto de Puerto. Creo que demasiado. Pedí permiso al Beach Marshall para entrar al agua y me metí. Estaba chico, casi no entraban barredoras pero ni bien llegué al point puedo decir que sentí dentro de mi toda la fuerza telúrica del lugar. No es lo mismo entrar con una tabla que entrar nadando. Era como si Puerto me estuviese dando la bienvenida. Pocas veces he sentido esto. Salvo Pico o Panic los días más achorados, sabía que estaba llegando a otro nivel de filmación y era como una prueba para mi. Simplemente me encomendé a Dios y me dejé llevar por la corriente. Estos son los momentos en donde más puedo apreciar mi oficio. Donde realmente me siento feliz de filmar dentro del agua. Donde la ola, el agua y yo somos uno solo y en donde siento que mi arte es único y especial. No es lo mismo filmar el nacional de Pampilla o San Bartolo que meterte a Peñascal o a La Herra inmenso. Ahí es donde se ve quien es quien y ahí es donde quería estar. Pero la cosa no quedó ahí porque recién vendrían los días grandes más adelante.
Las olas seguían malas, los más pintados iban cayendo. Era como que un campeonato echo para gente de ola chica. Dicho y echo, en cuartos de final a pesar de que a mi entender y el de muchos otros tablistas Gabriel era uno de los favoritos, cayó derrotado ante el uno-dos de un par de brashicos que lo marcaron y también la mala suerte de no haber culminado un par de maniobras. Quedó tercero seguido de Magnum Martínez que regresaba también a los campeonatos.
Fin de la historia para el cabezón. En ese momento estábamos con Rommel Gonzáles en la playa alentándolo. A veces uno se pregunta qué hacer en ese momento. Como consolar al amigo lleno de rabia e impotencia. Tanto viaje tanto dinero invertido. Haber conseguido un filmaker, un fotógrafo, venir con tu novia, gastar mas de dos mil dólares en pasajes. Para qué? Para correr estas olas? Haberte ilusionado tanto, ser el favorito de muchos, en el campeonato de tu sponsor principal y terminar corriendo unas olas en las que no puedes demostrar tu verdadero surfing, aquél que marca la diferencia con el de tus rivales y sucumbir en un campeonato donde las decisiones de lanzar los heats la toman gente que ni siquiera es del lugar. Fue ahí donde realmente me puse a pensar en lo que es la vida de un pro surfer. Fue ahí donde evalué la propuesta de Villarán tratando de meterse dentro de los mejores 200 tablistas de la segunda división para luego llegar a la élite de los 40 grandes frente a la propuesta de muchos otros amigos que tengo que sólo se dedican a correr por placer, sin competir, puro soul surfing. Realmente es digno de admiración como Villarán ha invertido todo lo que tiene en su sueño por llegar a ser el primer peruano en lograr este objetivo.
Dos series más tarde Clay Marzo se coronaría por primera vez en su vida campeón de un evento wqs y sería nada menos que un Gabriel ya más distendido quien lo levantaría en hombros junto a Strider Wasilewski para llevarlo al podio. Cuatro horas más tarde el mar se pondría increíble! Glass, perfecto, con unas buenas condiciones y un buen tamaño. Increíble pero cierto.
En la mañana del dia siguiente, un novato y torpe tablista le deja la tabla a Gabriel quien venía surcando una ola y jua! Quillazo en la cabeza, de frente a la posta 10 puntos como mínimo. Karmaza por culpa de este irresponsable y a descansar dos días. Es por ello que en el video aparece Gabriel con un casco.
Hasta que llegaría aquél histórico y famoso fin de semana de Agosto, donde lejos de amilanarse, apareció el verdadero Gabriel que todos conocemos. Fueron exactamente los días 23, 24 y 25 de Agosto del presente año. No se puso gigante, pero estaba buenazo y grande. De cuatro palos fácil. Con tan solo decirles que hubieron algunos que adelantaron su pasaje para no correr estas olas. Fueron pocos los que se quedaron:
Gabriel Villarán y Tamil Martinot de Perú; Ramón Navarro y Guillermito Satt de Chile; Lele Usuna, el Maxi Rulos, Lucas Santa María y Luis María Iturria de Argentina - Uruguay. Gilbert Brown y su hermano de Costa Rica quienes me dejaron una gratísima impresión, Jamie Sterling, Timmy Reyes, Nathan Fletcher de USA, Fabio Nunes de Brasil, Cabezón Goncalves, Sebastián Santos, el Checito de Ecuador y ahí acaba la lista. Estaban por supuesto los locales como Coco Nogales, Moncada, Ruthenford, Medina y otros más por ahí, pero salvo ellos y una clásica colonia de argentinos apertrechados en Puerto desde ya un buen tiempo, no hubo más crowd.
Mención aparte para Rusty Long. Un increíble maestro de la ola grande. Es el hermano de Greg y es tan igual de amable, humilde y sencillo. No hay nada que hacer que la educación proviene de casa. Buena gente el hombre nos fuimos a Chacagua con Gabriel y otros amigos donde simplemente deslumbró con su estilo clásico para correr los tubos. Una vez Pierre Rodrigo me dijo que a un tablista lo identificabas al toque por la manera en cómo se para en la ola. Al toque se me vino a la mente esto. Rusty Long, un poco más alto que Greg y luciendo un bigotito a lo Cantinflas, flaquísimo pero recontra fibra es de esos al que le puedes dar un pedazo de tronco e igual se va a tirar una achoradaza y va a morir dentro de un tubo. De extremo perfil bajo, voz calmada y pausada al hablar, nunca está hablando demás ni vas a verlo con el último modelo de boardshort ni de tabla. Es más, cuando llegamos a Chacagua se puso un polo tan pero tan chacra que yo no me pude aguantar la risa delante de él y al verme porque me reía tanto le dije que con ese polo tan pastelero lleno de huecos y despintado parecía que habían baldeado el lobby del hotel y lejos del comentario burlón se mató de la risa también. Al primer tubo de la primera ola que lo filmé simplemente me arrepentí de haber echo ese comentario y aprendí una vez más, como hace tiempo no me pasaba, a no sacar a la gente por la primera impresión.
Llegó el momento para mi de entrar al agua. Yo filmaba a Gabriel desde afuera para asegurar todas sus olas pero ni bien salía ya estaba preparándome y estudiando la entrada. Había dejado ya atrás mi antiguo pero fiel housing Epic que me permitía flotar y descansar sobre él en los momentos más críticos. Ahora estaba con un nuevo housing que me lo había agenciado el maestro Tony Roberts y que era la mitad de tamaño pero más ergonómico y preciso para filmar. Así que no quedaba otra. En el agua estaban fotografiando el mexicano Edwin Morales, un brashico que no recuerdo pero que realmente la conocía el gallo y yo me dije: “Estás loco, si ése pata puede yo también puedo” Así que hice dos entradas el día que estuvo grande. La primera de 15 minutos y la segunda de 30. Traté de filmar todo lo que pude. Trataba de sortear la corriente pero era muy fuerte la verdad y por donde veías venían unos picazos que para qué te cuento. Hubo un momento totalmente aterrador donde vino una ola mediana y un pata la remó y yo lo seguí con el fin de agarrarlo entubado. Luego al toque vino otro más y también la remé con él para filmarlo, cosa que logré. Pero cuando volteo la mirada hacia el horizonte ví delante mío el espectáculo más espeluznante y terrorífico que no veía hace tiempo. Una inmensa pared toda verde y azul del tamaño de una casa que se venía levantando y toda la gente remando con todo para fondearla. Yo estaba con el housing amarrado en la mano derecha y no podía bracear muy rápido por lo incómodo que resultaba. En un momento me dije: “no, mejor voy a retroceder hacia la orilla y qué importa que me reviente un poco delante de mí, total me revuelca y me bota a la orilla…” Craso error, dudé, retrocedí, volví a dudar y en el último momento me dije: “A la Miércoles, voy a pasarla por debajo”. Era tal la adrenalina que mi corazón se me quería salir del pecho y mis pulmones se habían paralizado. Le metí una braceada de campeonato y justo cuando el labio ya estaba a medio descolgar me hundo con todas mis fuerzas lo más al fondo que puedo para luego sentir como el torbellino de agua verde me pasaba por encima de la espalda, en unos tres segundos que solo puedo describir como los tres segundos más largos de mi vida, en un acto mágico y de bautizo; en un ritual donde una voz interna me decía “Tranquilo Luis, ves, no pasa nada. Si tu eres parte de este sitio” Subí a la superficie desde el fondo para tomar una bocanada de aire puro, mientras contemplaba a los tablistas ya más tranquilos, algunos mirando hacia atrás a ver quien era el demente que se la había bajado. Y mi corazón ya relajándose entendí que tenía uno de los oficios más hermosos del mundo. Que sólo era cuestión de preparación y entrenamiento. De oficio y experiencia. Y fue ahí donde Puerto caló en mi corazón para siempre. Donde me prometí regresar algún día. Esa fue la primera entrada.
Los salvavidas me habían advertido del peligro que significaba los días como ésos en Puerto, Oscar Moncada y otro amigo fotógrafo argentino con más tiempo que yo en el tema me habían alertado también pero yo veía a Edwin y al brashico sacando fotos en el point que ya al toque quería regresar. Después de descansar un ratito en la orilla, entré de nuevo a filmar. Esta vez tuve la suerte de que no me agarró la barredora. Como a la media hora entró el vientito clásico de las 11 y todos nos fuimos a tomar desayuno.
Al regresar en el late, el mar estaba buenazo y en la orilla todos los camarógrafos y fotógrafos estábamos mas que felices con las olazas y el footage que veníamos sacando. Los más achorados fueron Gabriel, Rusty, Navarro, Brown y Moncada. Que tales tubos para cerradazos. Yo sabía que al final tenía que editar este material con una música que plasmase toda la valentía y el sentimiento guerrero de la gente que se arrojaba en esas montañas de agua sin saber a donde iban a terminar: lo más probable clavados de cabeza en el suelo y con la tabla partida, dentro del campanón marrón lleno de arena muriendo dentro del tubo o quizás con un poco de fortuna saliendo a mil por hora por el último huequito del labio de la ola, escupido por el spray que disparaba el tubo. Al final y como siempre sucede, la que menos pensaba fue la más indicada: “Por quien suenan las campanas” de la banda Metallica.
Quiero agradecer públicamente a Gabriel Villarán por haberme invitado a este trip. Lo conozco desde chibolito cuando empezaba a brillar en los nacionales de La Pampilla. Testigo de su ascenso y otras veces partícipe de sus videos, pienso que es una persona al que hoy por hoy todos debemos apoyar. Principalmente porque -como sucedió en esta crecida- nos deja muy bien a todos los peruanos. En México hace rato ya se ha ganado el respeto de todos y el lo demuestra con orgullo cuando entra a correr con su camiseta de Perú. Gary Linden, Tony Roberts, Peter Mel, Strider, todos ya conocen de lo que es capaz Gabriel. Y a pesar de que nuestro Estado le ha volteado la mirada y no lo apoya como debiera ser, el pais y la comunidad de tablistas no deben dejar que se desperdicie otro talento más como lo es Gabriel. Como en algún momento fue Magoo. Omar, Maki, Bonifaz… El está tratando de llevar a Perú a la élite del wct. Al lugar de donde Perú nunca debió salir. Calidad y coraje no le faltan. Pero apoyo sí.
No quería terminar esta nota en un tono medio triste, porque realmente la pasamos chévere con el cabezón, a pesar de las siempre existentes dificultades económicas y las cuadradas de caja, nos ganamos con las buenas olas que trajimos con mucho cariño para que la gente vea como se hace patria afuera del país. Juzguen ustedes por sí mismos en el siguiente video.
Slds,
Luis Mori Hernández
director@luismori.com
La ola de Puerto Escondido es sin duda alguna, el Pipeline de Latinoamérica. No estoy descubriendo la pólvora pero una cosa es que te lo cuenten y otra cosa es haber estado adentro.
Todo empezó cuando Gabriel Villarán en los últimos días del mundial de Costa Rica me invitó a acompañarlo al siguiente evento donde participaría, el Quiksilver Pro de Puerto Escondido. Yo venía de un largo trabajo de 10 días transmitiendo y mandando notas para el canal 9 de Perú por lo que estaba con una buena viada con todos los equipos más listos y aceitados que nunca, así que acepté en una. El canal se movió al toque con el tema de la visa, Olas Perú nos mandó una buena suma de dinero por lo que desde ya el viaje prometía ser una bonita experiencia. Y resultó ser más que eso.
Puedo decir que México es un país maravilloso. Es como Perú. No puedo hablar mucho del DF, aunque me dí un corto paseo de 5 horitas antes de subir al avión, es una ciudad que tiene la población de todo el Perú entero, imagínense! Es bien radical y la noche también pinta a fiesta total. Pero yo estaba como que en un estado zen después de haber filmado durante 10 días en el agua, totalmente rostizado por el sol y no quería saber nada de fiestas ya que venía de una zona tranquila y apacible como es Puerto Escondido en Oaxaca, donde vivía en el hospedaje “Casa Bastin” de Mikele y Dominique Bastin, unos italianos ya bien charros que tienen tiempo alojando a los surfers que caen por ahí.
Cuando llegué ya Gabriel me tenía una habitación separada que compartí con uno de los mejores fotógrafos de surf de Latinoamérica, el che Agustín Muñoz, quien se había venido conmigo desde Costa Rica junto a Danielita Vesco de la revista Surfos. Yo ya conocía al che desde el contest que hubo en Colombia y de ahí me lo había vuelto a encontrar en Costa Rica para la final del Alas en Dic 2008 por lo que ya éramos como hermanos. Sobre todo porque nos unía una amistad que se había forjado filmando en el agua y ambos sabíamos que podíamos contar el uno con el otro en cualquier eventualidad que surgiera dentro del mar. “Luigi! – me decía. Que se ponga mutante de una vez para entrar al agua!!!”
Había llegado a Puerto Cristóbal De Col, Clay Marzo, Timmy Reyes, una fuerte legión de tablistas que se venían con nosotros desde Costa Rica y por supuesto nos aguardaba el infaltable crowd local encabezado por Osquitar Moncada, David Ruthenford, Coco Nogales, Diego Medina y Christian Corzo. Gente tubera 100% gente amiga y mejores anfitriones.
Llegué justo para el final de un pequeño swell que dejó un par de días buenos pero de ahí las olas se pusieron malazas. Había empezado el waiting period. La rutina diaria era ir a buscar a Gabriel por las mañanas para filmar tempranito, de ahí un almuerzo y luego de eso buscar obligatoriamente abrigo en la sombra, ante el inclemente sol mejicano - que era como el de Máncora en Febrero con media capa de ozono menos y dos Niños encima- hasta el late de las 6 de la tarde donde se glaseaba y la gente terminaba saliendo a las 8 donde recién oscurecía. El estaba en la casa Quik junto a su novia Andrea, Cristóbal y Clay. Fue ahí donde conocí a Tony Roberts, recordado tablista, videomaker y hoy fotógrafo oficial de Quiksilver Latinoamérica, con quien hicimos una bonita amistad y una amena entrevista que publicaremos más adelante. También se encontraba Tamil Martinot, famoso longboarder peruano quien era el único que corría Puerto con tabla de 9’ (ver video) Qué quemado que está chato! Jajaja!
Hasta que llegó el primer día del campeonato. Gabriel pasó su primera serie a ritmo de entrenamiento, Cristóbal se confió esperando la ola del día mientras los demás competidores cachineaban y quedó fuera en la primera ronda. Y en cuanto a mi, pasada las series de los peruanos, había llegado el momento de entrar al agua.
Estaba con una sensación media alegre y media temerosa la verdad. Había escuchado tanto de Puerto. Creo que demasiado. Pedí permiso al Beach Marshall para entrar al agua y me metí. Estaba chico, casi no entraban barredoras pero ni bien llegué al point puedo decir que sentí dentro de mi toda la fuerza telúrica del lugar. No es lo mismo entrar con una tabla que entrar nadando. Era como si Puerto me estuviese dando la bienvenida. Pocas veces he sentido esto. Salvo Pico o Panic los días más achorados, sabía que estaba llegando a otro nivel de filmación y era como una prueba para mi. Simplemente me encomendé a Dios y me dejé llevar por la corriente. Estos son los momentos en donde más puedo apreciar mi oficio. Donde realmente me siento feliz de filmar dentro del agua. Donde la ola, el agua y yo somos uno solo y en donde siento que mi arte es único y especial. No es lo mismo filmar el nacional de Pampilla o San Bartolo que meterte a Peñascal o a La Herra inmenso. Ahí es donde se ve quien es quien y ahí es donde quería estar. Pero la cosa no quedó ahí porque recién vendrían los días grandes más adelante.
Las olas seguían malas, los más pintados iban cayendo. Era como que un campeonato echo para gente de ola chica. Dicho y echo, en cuartos de final a pesar de que a mi entender y el de muchos otros tablistas Gabriel era uno de los favoritos, cayó derrotado ante el uno-dos de un par de brashicos que lo marcaron y también la mala suerte de no haber culminado un par de maniobras. Quedó tercero seguido de Magnum Martínez que regresaba también a los campeonatos.
Fin de la historia para el cabezón. En ese momento estábamos con Rommel Gonzáles en la playa alentándolo. A veces uno se pregunta qué hacer en ese momento. Como consolar al amigo lleno de rabia e impotencia. Tanto viaje tanto dinero invertido. Haber conseguido un filmaker, un fotógrafo, venir con tu novia, gastar mas de dos mil dólares en pasajes. Para qué? Para correr estas olas? Haberte ilusionado tanto, ser el favorito de muchos, en el campeonato de tu sponsor principal y terminar corriendo unas olas en las que no puedes demostrar tu verdadero surfing, aquél que marca la diferencia con el de tus rivales y sucumbir en un campeonato donde las decisiones de lanzar los heats la toman gente que ni siquiera es del lugar. Fue ahí donde realmente me puse a pensar en lo que es la vida de un pro surfer. Fue ahí donde evalué la propuesta de Villarán tratando de meterse dentro de los mejores 200 tablistas de la segunda división para luego llegar a la élite de los 40 grandes frente a la propuesta de muchos otros amigos que tengo que sólo se dedican a correr por placer, sin competir, puro soul surfing. Realmente es digno de admiración como Villarán ha invertido todo lo que tiene en su sueño por llegar a ser el primer peruano en lograr este objetivo.
Dos series más tarde Clay Marzo se coronaría por primera vez en su vida campeón de un evento wqs y sería nada menos que un Gabriel ya más distendido quien lo levantaría en hombros junto a Strider Wasilewski para llevarlo al podio. Cuatro horas más tarde el mar se pondría increíble! Glass, perfecto, con unas buenas condiciones y un buen tamaño. Increíble pero cierto.
En la mañana del dia siguiente, un novato y torpe tablista le deja la tabla a Gabriel quien venía surcando una ola y jua! Quillazo en la cabeza, de frente a la posta 10 puntos como mínimo. Karmaza por culpa de este irresponsable y a descansar dos días. Es por ello que en el video aparece Gabriel con un casco.
Hasta que llegaría aquél histórico y famoso fin de semana de Agosto, donde lejos de amilanarse, apareció el verdadero Gabriel que todos conocemos. Fueron exactamente los días 23, 24 y 25 de Agosto del presente año. No se puso gigante, pero estaba buenazo y grande. De cuatro palos fácil. Con tan solo decirles que hubieron algunos que adelantaron su pasaje para no correr estas olas. Fueron pocos los que se quedaron:
Gabriel Villarán y Tamil Martinot de Perú; Ramón Navarro y Guillermito Satt de Chile; Lele Usuna, el Maxi Rulos, Lucas Santa María y Luis María Iturria de Argentina - Uruguay. Gilbert Brown y su hermano de Costa Rica quienes me dejaron una gratísima impresión, Jamie Sterling, Timmy Reyes, Nathan Fletcher de USA, Fabio Nunes de Brasil, Cabezón Goncalves, Sebastián Santos, el Checito de Ecuador y ahí acaba la lista. Estaban por supuesto los locales como Coco Nogales, Moncada, Ruthenford, Medina y otros más por ahí, pero salvo ellos y una clásica colonia de argentinos apertrechados en Puerto desde ya un buen tiempo, no hubo más crowd.
Mención aparte para Rusty Long. Un increíble maestro de la ola grande. Es el hermano de Greg y es tan igual de amable, humilde y sencillo. No hay nada que hacer que la educación proviene de casa. Buena gente el hombre nos fuimos a Chacagua con Gabriel y otros amigos donde simplemente deslumbró con su estilo clásico para correr los tubos. Una vez Pierre Rodrigo me dijo que a un tablista lo identificabas al toque por la manera en cómo se para en la ola. Al toque se me vino a la mente esto. Rusty Long, un poco más alto que Greg y luciendo un bigotito a lo Cantinflas, flaquísimo pero recontra fibra es de esos al que le puedes dar un pedazo de tronco e igual se va a tirar una achoradaza y va a morir dentro de un tubo. De extremo perfil bajo, voz calmada y pausada al hablar, nunca está hablando demás ni vas a verlo con el último modelo de boardshort ni de tabla. Es más, cuando llegamos a Chacagua se puso un polo tan pero tan chacra que yo no me pude aguantar la risa delante de él y al verme porque me reía tanto le dije que con ese polo tan pastelero lleno de huecos y despintado parecía que habían baldeado el lobby del hotel y lejos del comentario burlón se mató de la risa también. Al primer tubo de la primera ola que lo filmé simplemente me arrepentí de haber echo ese comentario y aprendí una vez más, como hace tiempo no me pasaba, a no sacar a la gente por la primera impresión.
Llegó el momento para mi de entrar al agua. Yo filmaba a Gabriel desde afuera para asegurar todas sus olas pero ni bien salía ya estaba preparándome y estudiando la entrada. Había dejado ya atrás mi antiguo pero fiel housing Epic que me permitía flotar y descansar sobre él en los momentos más críticos. Ahora estaba con un nuevo housing que me lo había agenciado el maestro Tony Roberts y que era la mitad de tamaño pero más ergonómico y preciso para filmar. Así que no quedaba otra. En el agua estaban fotografiando el mexicano Edwin Morales, un brashico que no recuerdo pero que realmente la conocía el gallo y yo me dije: “Estás loco, si ése pata puede yo también puedo” Así que hice dos entradas el día que estuvo grande. La primera de 15 minutos y la segunda de 30. Traté de filmar todo lo que pude. Trataba de sortear la corriente pero era muy fuerte la verdad y por donde veías venían unos picazos que para qué te cuento. Hubo un momento totalmente aterrador donde vino una ola mediana y un pata la remó y yo lo seguí con el fin de agarrarlo entubado. Luego al toque vino otro más y también la remé con él para filmarlo, cosa que logré. Pero cuando volteo la mirada hacia el horizonte ví delante mío el espectáculo más espeluznante y terrorífico que no veía hace tiempo. Una inmensa pared toda verde y azul del tamaño de una casa que se venía levantando y toda la gente remando con todo para fondearla. Yo estaba con el housing amarrado en la mano derecha y no podía bracear muy rápido por lo incómodo que resultaba. En un momento me dije: “no, mejor voy a retroceder hacia la orilla y qué importa que me reviente un poco delante de mí, total me revuelca y me bota a la orilla…” Craso error, dudé, retrocedí, volví a dudar y en el último momento me dije: “A la Miércoles, voy a pasarla por debajo”. Era tal la adrenalina que mi corazón se me quería salir del pecho y mis pulmones se habían paralizado. Le metí una braceada de campeonato y justo cuando el labio ya estaba a medio descolgar me hundo con todas mis fuerzas lo más al fondo que puedo para luego sentir como el torbellino de agua verde me pasaba por encima de la espalda, en unos tres segundos que solo puedo describir como los tres segundos más largos de mi vida, en un acto mágico y de bautizo; en un ritual donde una voz interna me decía “Tranquilo Luis, ves, no pasa nada. Si tu eres parte de este sitio” Subí a la superficie desde el fondo para tomar una bocanada de aire puro, mientras contemplaba a los tablistas ya más tranquilos, algunos mirando hacia atrás a ver quien era el demente que se la había bajado. Y mi corazón ya relajándose entendí que tenía uno de los oficios más hermosos del mundo. Que sólo era cuestión de preparación y entrenamiento. De oficio y experiencia. Y fue ahí donde Puerto caló en mi corazón para siempre. Donde me prometí regresar algún día. Esa fue la primera entrada.
Los salvavidas me habían advertido del peligro que significaba los días como ésos en Puerto, Oscar Moncada y otro amigo fotógrafo argentino con más tiempo que yo en el tema me habían alertado también pero yo veía a Edwin y al brashico sacando fotos en el point que ya al toque quería regresar. Después de descansar un ratito en la orilla, entré de nuevo a filmar. Esta vez tuve la suerte de que no me agarró la barredora. Como a la media hora entró el vientito clásico de las 11 y todos nos fuimos a tomar desayuno.
Al regresar en el late, el mar estaba buenazo y en la orilla todos los camarógrafos y fotógrafos estábamos mas que felices con las olazas y el footage que veníamos sacando. Los más achorados fueron Gabriel, Rusty, Navarro, Brown y Moncada. Que tales tubos para cerradazos. Yo sabía que al final tenía que editar este material con una música que plasmase toda la valentía y el sentimiento guerrero de la gente que se arrojaba en esas montañas de agua sin saber a donde iban a terminar: lo más probable clavados de cabeza en el suelo y con la tabla partida, dentro del campanón marrón lleno de arena muriendo dentro del tubo o quizás con un poco de fortuna saliendo a mil por hora por el último huequito del labio de la ola, escupido por el spray que disparaba el tubo. Al final y como siempre sucede, la que menos pensaba fue la más indicada: “Por quien suenan las campanas” de la banda Metallica.
Quiero agradecer públicamente a Gabriel Villarán por haberme invitado a este trip. Lo conozco desde chibolito cuando empezaba a brillar en los nacionales de La Pampilla. Testigo de su ascenso y otras veces partícipe de sus videos, pienso que es una persona al que hoy por hoy todos debemos apoyar. Principalmente porque -como sucedió en esta crecida- nos deja muy bien a todos los peruanos. En México hace rato ya se ha ganado el respeto de todos y el lo demuestra con orgullo cuando entra a correr con su camiseta de Perú. Gary Linden, Tony Roberts, Peter Mel, Strider, todos ya conocen de lo que es capaz Gabriel. Y a pesar de que nuestro Estado le ha volteado la mirada y no lo apoya como debiera ser, el pais y la comunidad de tablistas no deben dejar que se desperdicie otro talento más como lo es Gabriel. Como en algún momento fue Magoo. Omar, Maki, Bonifaz… El está tratando de llevar a Perú a la élite del wct. Al lugar de donde Perú nunca debió salir. Calidad y coraje no le faltan. Pero apoyo sí.
No quería terminar esta nota en un tono medio triste, porque realmente la pasamos chévere con el cabezón, a pesar de las siempre existentes dificultades económicas y las cuadradas de caja, nos ganamos con las buenas olas que trajimos con mucho cariño para que la gente vea como se hace patria afuera del país. Juzguen ustedes por sí mismos en el siguiente video.
Slds,
Luis Mori Hernández
director@luismori.com

